Laudato Si: Desafíos desde la comunicación

Laudato Si: Desafíos desde la comunicación

Por: Mauricio López*

La realidad que vive nuestra Panamazonía exige y grita una transformación urgente y para lograrlo es fundamental el compromiso de la comunicación que acompañe esta misión, desde la profundidad, desde la vida, desde los rostros de nuestros pueblos.

Hoy tenemos un llamado especialmente urgente.  Mucho se ha dicho del tema medioambiental y hay una serie de corrientes que nos invitan a pensar que algo está sucediendo, pero sobre todo, hoy el Papa Francisco está generando esperanza y nos ofrece una serie de relatos y narrativas que nos está abriendo a nuevas posibilidades, pero que necesita que nos preguntemos hoy  ¿cuál es mi contribución particular para transformar la realidad, a partir de mi rol de comunicador en este mundo? El papa Francisco nos ha dejado su Encíclica Laudato Si, alabado seas, para el cuidado de la casa común, y mucha gente la ha aplaudido y la ha recibido con gran gusto. Pero la pregunta de fondo, sobre todo para los comunicadores, es ¿cuánto de este llamado y de esa narrativa estamos convirtiendo en invitación para la transformación a través de nuestra labor comunicacional?

Yo me pregunto todos los días, ¿qué va a ser de nosotros cinco años más tarde, diez años después, cuando quede a lo mejor como recuerdo de qué bello fue ese momento con el Papa Francisco? ¿Cuántas esperanzas se movieron en nuestro corazón? Y qué triste y doloroso sería reconocer que no hicimos lo que teníamos que hacer para transformar la realidad; con la diferencia de que este llamado sobre el cuidado de la casa común, es un llamado que no puede eludirse nunca más, no hay marcha atrás.  Todos los rasgos de la realidad nos gritan y nos están exigiendo un cambio profundo, un cambio sincero. Y es terrible lo que paso el día en que Estados Unidos, el principal contaminante del planeta, el principal emisor de bióxido de carbono, el principal inversor en una serie de iniciativas que están acabando con la casa común, firmó ese decreto con su intención de dar marcha atrás a lo que con muchísimo trabajo habíamos ido construyendo con respecto al Acuerdo de París en la COP21.

Estuvimos en la COP 21, hace más o menos dos años, con el cardenal Claudio Hummes, Presidente de la Red Eclesial Pan Amazónica, y vivimos lo profundamente doloroso de esa indiferencia, que la mayoría de los gobiernos  siguen con un discurso del  “para qué voy a cambiar yo si los otros no cambian”;  “para qué voy a cambiar yo si a mí no me va afectar, sino a las próximas generaciones”.

Entonces la voz ética de la Iglesia, de los creyentes o de las personas de buena voluntad se vuelve absolutamente fundamental.  Todo creyente, toda persona de buena voluntad tiene que sentirse interpelado por eso  y los comunicadores tienen una tarea todavía más imprescindible de responder a ello, de no permitir que la indiferencia tenga la última palabra.

  La comunicación esencial

¿Todo lo que comunicamos realmente genera transformación? ¿Comunicamos realmente desde el fondo? En guaraní hay una palabra que me encanta y es  “caracú”,  la médula, lo esencial, lo profundamente indispensable, y el comunicador tiene que confrontarse con esa pregunta y discernir ¿cuál es mi contribución para que este llamado de transformación acontezca, a través de esta capacidad de incluir lo verdaderamente esencial en mi actuación comunicativa?

Y entonces aquí un par de preguntas: ¿Por qué comunico? ¿Es simplemente una serie de herramientas, una profesión, una alternativa, un medio de vida? o ¿hay un deseo más profundo? Luego, ¿desde dónde y hacia dónde comunico?

Pero, además también debemos preguntarnos sobre ¿cuál es mi compromiso particular y en qué y por qué me juego la vida cuando comunico lo que comunico?  No hay que olvidar que hay también demasiados mercenarios de la comunicación vendiéndose a cualquier postor, que saben perfectamente que pueden decantar o influir decisiones que van a transformar la vida de las personas para siempre. Porque tienen también claro desde dónde comunican, desde su interés particular.  Así que esa pregunta es fundamental. Si le preguntáramos al principito ¿cuál sería su respuesta? “Solo con el corazón se puede ver lo esencial.  Y esto es invisible para los ojos”.

Creo que una pregunta comprometedora, fuerte, es: ¿Está mi corazón dispuesto, comprometido en una búsqueda de hacer una apuesta de línea comunicativa para transformar? Hay que ver si esto está en el corazón, porque de lo contrario, podemos hacer una buena labor comunicacional, pero hay que ver si realmente aporta a una transformación significativa en la que nos jugamos la vida y el futuro.

Es fundamental que nos preguntemos cuando pensamos en transformar la realidad, en cómo tocar la vida de nosotros, ¿qué es lo profundo y esencial? ¿Cómo comunicar aquello que está más adentro y más profundo? ¿Qué me llama a ese cuidado de nuestra casa común o parte de ella?

Y también debemos preguntarnos ¿dónde perdimos la capacidad de comunicar lo esencial?  ¿Perdimos la capacidad de mirar en lo profundo y lo esencial, y nos hemos convertido en simplemente transmisores o repetidores de aquello que otros nos mandan, por rating,  por ventas?

Es necesario que nos preguntemos ¿Dónde está la causa prioritaria por la cual comenzamos a comunicar? ¿Cuál era la vocación profunda?  Si no se toca con la fibra íntima de este deseo y anhelo de transformar, creo que estamos condenados a ser uno más, y el cuidado de la casa común fracasará, ya que cuidar la casa común es un cuidado desde el misterio: ¡o nos hacemos conscientes de que el misterio de Dios se sigue haciendo presente, vivo y va conduciendo también el ritmo de la vida, o estaremos también perdidos!

La ciencia es una herramienta necesaria, pero también necesitamos volver a tocar lo profundamente esencial. Una frase de Martin Buber puede ayudarnos mucho: “

“Nos preguntamos sobre la esperanza para este momento. Con ello, quienes nos interrogamos lo percibimos no sólo como extremadamente angustiante, sino también como un momento donde no aparecen perspectivas diferentes, donde el porvenir no se nos presenta como un tiempo de claridad y de elevación. Y a pesar de eso, precisamente porque buscamos una mejor perspectiva, hablamos de esperanza” (Buber, 2006:251).

El comunicador tiene que ser inconforme esperanzado. Inconforme porque comprende la realidad, las causas estructurales que conducen a todo este sin sentido de muerte permanente, pero que tiene la posibilidad también de trasmitir esperanza. Comunicar el cuidado de la casa común, el misterio presente en la vida, tiene también que abrazar lo roto y saber comunicar esperanza.  Aquí tenemos que afinar la lente, y en la tarea comunicacional esto de la lente y la imagen es profundamente importante. Las tensiones van a determinar cómo y desde dónde comunicamos.  La primera tentación es querer comunicar desde la amplitud, tratando de ser  un sujeto versátil que comunica todo pero sin profundidad. Y hoy el mundo necesita profundidad.  Estamos en la cultura del descarte y de la superficialidad, como dice el Papa, y el comunicador tiene que ser capaz de ayudar a esa profundidad que permita el destello de nuevas luces de esperanza.

Lo segundo, la rapidez.  Estamos en un acelere que nos lleva y nos arrastra para poder estar al ritmo de  lo que nos está aconteciendo.  Pero la pregunta es ¿hay un discernimiento genuino, de integrar y definir qué es lo relevante? ¿Cómo impacta lo que voy a decir?  La inmediatez frente a la falta del sustento ético, y esto es el corazón de la Encíclica Laudato Sí.  Es un imperativo ético universal.  No se trata simplemente de lo inmediato, se trata de dónde está el valor mayor que conduce, porque todos vamos conduciendo esta sociedad, con nuestras acciones u omisiones, hacia un lugar de posibilidades mejores o hacia lo contrario.

La masificación, que es también un desafío y un indicador que nos preguntamos todos los días.  Estamos llegando a todos, estamos masificando, pero la pregunta es ¿Hay una afirmación del sujeto concreto a partir del proceso comunicacional o simplemente se trata de llegar al mayor número posible de personas sea como sea?  Cómo lo que comunico no solo llega sino que afirma al sujeto, acoge y abraza identidad y diversidad, y promueve a la persona.

El alcance. ¿Sea lo que sea, con que llegue? ¿Sin comunión?  Creo que hay múltiples expresiones donde lo que se habla no importa, mientras llegue. Y no se puede pasar desapercibido ante signos de muerte en la realidad. Uno se pregunta ¿cuál es el papel del comunicador frente a esto?

Así, hay una serie de preguntas y tal vez la más difícil es la que habla sobre la imparcialidad.  Creo que nos educan a todos para la imparcialidad, pero creo que el mundo de hoy exige parcialidad.  O tomas partido por la causa por los más pobres y excluidos, por la causa de los desposeídos, por la causa de los que no tienen alternativa, o simplemente estás haciendo de cómplice del sistema.  Y en el tema del cuidado de la casa común también creo que está el idealismo de la imparcialidad, que hace que vayamos pasando de largo sin comprometernos en serio.

La pregunta es ¿hacia dónde van todos? ¿Cuál es el signo de nuestros tiempos hoy? ¿A dónde va la realidad?  Como creyentes, tres rasgos nos permiten mirar la realidad con los ojos de Dios: Hay que preguntarse ¿con qué ojos mira Dios la realidad de hoy? ¿Con qué ojos se compromete o se deja tocar por la realidad, hasta meterse hasta las entrañas del mundo y empezar a transformarse desde lo concreto?  Además no sólo con lo concreto, sino en lo profundamente sencillo y en lo pequeño como Dios mismo hizo en su elección para Encarnarse y ser uno con nosotros y para nosotros.

Rasgos de la comunicación

Hay tres rasgos que tienen que ver con la comunicación:

Una comunicación que se encarna, que se hace carne con la realidad, que permanece, que acompaña, no basta  simplemente con visitas de vez en cuando. Es cierto también que es difícil estar en todos los sitios, pero somos una red.En la Red Eclesial Pan Amazónica, para mí es muy doloroso estar desde Quito, estar viajando, tratando de estar en el sitio donde acontece la vida de los pueblos y comunidades, pero en cambio hay misioneros, misioneras, laicos, múltiples personas que se están jugando la vida todos los días, y por ellos hacemos este servicio, por los que se encarnan.

Segundo, la compasión, que muchas veces la experimentamos y vemos como ese sentir dolor por ese otro, ese otro pobrecito, con una mirada asimétrica. No.  Es sentir en él, ese otro, y a través de él, el otro, su propio dolor para acogerlo y abrazarlo, y pedir un corazón misericordioso que se duele hasta sentir el dolor del otro como propio. 

Una frase del libro sagrado de los Mayas, el Popol Vu, es una afirmación de los pueblos hoy y que también está en el corazón de la Laudato Si:

“Arrancaron nuestros frutos, cortaron nuestras ramas, quemaron nuestros troncos, pero no pudieron matar nuestras raíces”

¿Cómo nos va en esa comunicación desde las raíces que siguen vivas?  Creo que hacemos muy bien comunicando las ramas quebradas, los troncos quemados, los frutos arrancados, pero ¿Estamos comunicando las raíces vivas que son signos de esperanza? ¿Estamos sustentando la vida, a partir de las raíces, de la vida profunda? Esta es una pregunta muy seria.

Estamos en un mundo roto.  El siguiente dato creo que nos va a convencer de la importancia del cuidado de la casa común. Hoy (abril de 2017),  50 familias poseen el equivalente al total de las 3500 millones de personas más pobres del planeta. Si esto no nos indigna, no sé qué puede indignarnos.

El uno por ciento de la población de este planeta concentra el 99% de toda la riqueza. Esto no es un asunto de buena voluntad, ni es un asunto de las estupideces que nos venden cuando dicen que no podemos cuidar el planeta porque se hace necesario seguir extrayendo recursos para dar de comer a los pobres. Mentira.  El problema es la inequidad. El problema verdadero que está causando esta situación de quebranto planetario es la distribución injusta.

Hoy se producen alimentos para dar de comer a 1.3 planetas y hay mil millones de personas en situación de hambre. Es un asunto de inequidad y es un asunto de no comprometerse con esta causa de transformar la realidad.

Acceso al agua. A orillas del río Amazonas, el río más majestuoso del planeta, existen familias sin acceso a agua potable, viviendo en las condiciones más desagradables, viviendo sobre la podredumbre, teniendo al frente al gran río al cual no pueden acceder porque no existe la voluntad para que puedan tener acceso al agua adecuada. 700 millones de personas no tienen acceso al agua. Se desperdicia el 40% de alimentos que producimos.  Algo anda muy mal entre nosotros como unidad. Y aquí aparece la pregunta sobre la perspectiva ética de la comunicación.

Cuando se habla de un mundo fracasado, no quiere decir desde la retórica, quiere decir desde la falta de conciencia y voluntad para cortar las fibras de esta realidad desigual y comenzar a transformarla.  ¿Dónde está la comunicación para transformar esto?

Y no solo eso.  Entrando al relato de la Encíclica Laudato Si, vemos que hoy estamos ya pasando el umbral de lo que nuestro planeta puede resistir y soportar.  Estamos consumiendo el equivalente a 1.3 planetas. El planeta tiene una cierta capacidad de auto-sanarse, lo que podríamos llamar resiliencia  y una cierta y limitada capacidad de carga. Todas nuestras acciones humanas sumadas dejan una huella ecológica y el planeta tiene una capacidad máxima de carga. Hoy hemos cruzado ese umbral pero, con la certeza de que solo tenemos un planeta, si seguimos en esa dirección estamos encaminados hacia la muerte y esto lo ha dicho claramente el Papa Francisco. Esto no da más.

El comunicador y el rol transformador de la comunicación tienen que sustentarse en comunicar desde una ética particular y desde el tejer con otros y otras la posibilidad de tener y hacer posible el futuro.

Nos estamos convirtiendo en ese cáncer que está acabando con lo que existe en el planeta. La Encíclica Laudato Si dice: “hemos convertido esta hermosa hermana madre tierra en un inmenso botadero de basura”, sobre todo centrados en esta necesidad insostenible de acumulación, porque nos han dicho que el crecimiento es lineal y además es infinito, y el planeta es finito y limitado. Pero el problema no está solamente ahí. El problema está en la inequidad y en que los más pobres y los más excluidos son también quienes más reciben el impacto de esta situación. Hoy cualquiera, con una mínima capacidad racional, se da cuenta que el problema del cambio climático no es nunca más un discurso suelto, es una realidad que nos está tocando, nos está impactando y nos está afectando el día de hoy.

Invitaciones concretas

O me sumo a una tendencia que va conduciendo al sentido de tocar el misterio de la vida, la sacralidad de la hermana madre tierra o estaré en esa tónica de continuar destructivamente y ciegamente cortando las ramas en que estamos sentados. Hoy se trata de una conversión ecológica profunda, ninguna persona puede decir que el tema de la ecología, del medio ambiente, no me afecta.  Ninguna persona puede jamás decir que yo no tengo nada que hacer al respecto. Si no hay una conversión ecológica profunda, lo que estamos haciendo es el pecado más grande de todos: el pecado de omisión; el pecado de dejar de hacer lo que me toca hacer por simplemente seguir con lo mismo.

Es importante recordar estas 4 palabras para poder abrazar el llamado de la Enciclica Laudato Si

Metanoia: conversión radical y profunda del corazón. Puede el Papa escribir 10 encíclicas más sobre el medio ambiente, puede el planeta seguir encaminado a este desfiladero… si no comienzo con una transformación personal radical y profunda, estamos condenados.

Alteridad: reconocer al otro como expresión de misterio de vida, donde Dios mismo se hace presente, más allá de mí mismo y donde mi posibilidad de plenitud está enmarcada en el rostro del otro y ese otro también es la hermana madre tierra. Hay muchos que se asustan porque dicen que esto es un cierto biocentrismo, que se le da un valor mayor al ambiente  creado, que al ser humano. Mentira. Lo que hay que entender es que el ser humano está asociado en su ser y en su futuro con esta casa, con esta creación.  Si no reconozco el misterio de lo creado como otro, también siempre lo estaré utilizando como un medio para mi propio fin.

Discernimiento: sin discernir cuales son los rasgos de la realidad que más están afectando, cuáles son las causas estructurales del pecado, entonces no habrá cambio que permanezca. Sí, está muy bien reciclar en casa, está muy bien tener una composta, pero hay rasgos de pecado estructural, como veíamos: 50 familias poseen el equivalente al 50% de la riqueza de los más pobres. Un mundo con tal inequidad necesita de un discernimiento serio, porque esta situación no va a cambiar así nada más.

Parresia: salir a la realidad, atreverse con coraje, asumiendo que puede haber mucha resistencia e incomprensión para tocar y transformar la realidad.

Rasgos específicos de la Enciclica Laudato Si

Los pobres no son un asunto de discurso, de buena voluntad, que es ajeno a la realidad medio ambiental. La situación del planeta, el impacto del cambio climático y la realidad ambiental afecta más fuertemente a los pobres, por encima de los demás. Y  tenemos que asumir un rol en este sentido. Los pobres se vuelven más vulnerables y más empobrecidos por que han sido puestos en condiciones de las cuales no pueden salir y el tema ambiental hace parte de esto.

Todo está conectado. No hay tiempo de hablar mucho sobre amazonia, pero mucha gente dice: ¿yo que tengo que ver con la Amazonía?, eso está por allá, que vayan los verdes, aquellos  ecologistas, pero hay hechos contundentes: uno de cada 5 vasos de agua que todo ser humano  en el planeta bebe se lo debe a la amazonia. 20% del agua no congelada, apta para el consumo humano, viene de la amazonia.  Más todavía, todo ser viviente del planeta le debe a la amazonia uno de cada 5 respiros (20% del oxígeno del planeta se produce ahí), y entonces la cosa se empieza a relacionar conmigo. Es fundamental que reconozcamos que todo está conectado.

Este nuevo paradigma de la tecnología tiene que ser cuestionado. Esta estupidez de pensar que vamos a conquistar otro planeta para el momento en que hayamos quemado todo lo que tenemos, no tiene sentido. Hoy frente a nosotros la realidad nos pide un cambio y aún estamos a tiempo. Hay quienes dicen que seremos capaces de dominar otro planeta, sustituyendo a Dios pretendiendo que lo podemos hacer todo por nuestra cuenta.

Se necesita otra mirada de economía. Esta mirada de economía infinita que nunca se detiene que tiene la propiedad de permanecer así, no puede seguir. Hay recursos limitados y un planeta finito y tenemos que buscar una economía que dialogue con esto y con la inequidad de la que hemos hablado. Reconocer el valor propio de cada criatura, de todo lo creado, al estilo de San Francisco de Asís, reconocido como expresión del misterio de Dios, como expresión del amor de Dios presente un nuestra vida.

El sentido humano de la ecología.

La ecología no es un asunto ajeno o disociado del ser humano, somos parte de este entorno, es nuestra casa y brotamos de ella. Toda la conexión bíblica para los creyentes o la tradición creacionista de los pueblos y nacionalidades asocia nuestro ser humano con la creación, fruto del barro y de la tierra, y de los elementos de la naturaleza. Nada más cierto que esto. Lo ecológico es profundamente humano y no hay vuelta que dar.

Necesitamos un debate sincero y honesto. Estuvimos en la COP 21, en la Cumbre sobre el cambio climático, donde veíamos que la casa se estaba quemando y lo único que no había ahí era sinceridad y honestidad de parte de muchos líderes. Los que querían seguir contaminando y abusando pedían que se quitara por completo de la COP 21el discurso sobre derechos humanos de la discusión sobre el tema. Países también negociando para decir estoy dispuesto a firmar el Acuerdo de París en el que se juega posiblemente el futuro del planeta, siempre y cuando no me contabilicen todo el tema del aparato militar y su impacto ambiental, que no se cuente eso como ámbito ni económico ni como impacto al medio ambiente, y lo lograron. No hay muchos debates honestos y sinceros en los niveles más altos.  Hay cosas que se están dando muy interesantes, pero sobre todo vienen de la base, del territorio, de la realidad, de quien escucha el clamor de la tierra.

Tenemos que meternos en política.  No es un tema de proselitismo o temas electorales.  Es incluir en las estructuras institucionales procesos de discernimiento político que pueden generar cambios.  La encíclica dedica un capítulo específicamente a generar cambios en las políticas locales, nacionales e internacionales. Tenemos que tomarlo más en serio esto, y el comunicador aún más. ¿Cómo comunica esta posibilidad de transformar a nivel de incidencia?

La cultura del descarte nos está arrastrando a todos, necesitamos hacer frente a esta cultura. Acabamos de estar en Estados Unidos y es obsceno cómo en todos los sitios los platos de comida  -además de servirse en cantidades estratosféricas-,  la mayoría, o una buena parte, se desperdicia y se va a la basura. Esto porque regalarla puede causar conflictos y denuncias legales. ¿Cómo llegamos a esto? Recordemos, mil millones de hambrientos en el planeta, esto es la cultura del descarte, y  vemos la pobreza política que estamos viviendo, del descarte, de  polos que se confrontan y donde el debate serio que ayuda a crecer el sentido de democracia está ausente, en cualquiera de los ámbitos.

Invitación a un nuevo estilo de vida

Necesitamos re-pensar nuestro modo de ser y estar en este mundo. Hay toda una corriente del decrecimiento, que nos parece demasiado fuerte (a veces nos cuesta entrar en eso), pero que nos debe ayudar a poner límites y a reconocer los límites de nuestro planeta.  Necesitamos cambiar el estilo de vida; todavía estamos a tiempo insiste el Papa Francisco, pero no queda mucho.

Para finalizar es necesario atender la invitación que hace el Papa Francisco y que nos preguntemos sobre lo que le da sentido a mi estar en el mundo, a la invitación a transformar; y para los comunicadores, pensar en mi papel de influencia y desde qué ética y posición lo asumo. 

Abrazar la causa de la Laudato Si implica abrazar la conversión profunda. La metanoia implica abrazar la alteridad del otro, reconocer al otro como misterio de Dios y a la hermana madre tierra también como otro; implica discernir los signos de los tiempos, las causas estructurales de esta inequidad, e implica salir con valentía al encuentro de la realidad para colaborar en su transformación y que sea más como el Reino que Cristo nos prometió.

“Dios, que nos convoca a la entrega generosa y a darlo todo, nos ofrece las fuerzas y la luz que necesitamos para salir adelante. En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la vida que nos ama tanto. Él no nos abandona, no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Alabado sea”.

“El proyecto de Dios se sigue haciendo vigente, aunque con nuestras dudas, miedos, limitaciones temporales no las veamos, el proyecto de Dios tendrá la última palabra a esta nuestra esperanza”. Laudato Si.

*Secretario ejecutivo de Cáritas Ecuador y de la Red Eclesial Panamazónica, REPAM; Presidente mundial de las CVX.

Publicado inicialmente en www.signisalc.org