La lucha por la autonomía universitaria

La lucha por la autonomía universitaria

Por: Abiezer López*

Estimulado por las especiales circunstancias en las que tenemos el compromiso ineludible de hacer sentir la participación, sin complejos y sin exclusiones, en la discusión sobre la realidad universitaria y, por otro lado, que, como lo piensa y escribe Julio Córtazar, “afortunadamente en América Latina nos gusta discutir, nos gusta dialogar, nos gusta agarrarnos a patadas en el terreno de las ideas”, es que me permito la osadía de expresar las mías centrándome en uno de los aspectos más sensible, después de la marejada reformadora que se inició en la Universidad de Córdoba, Argentina, en 1918 y luego se propagó a las instituciones de formación universitaria de nuestra “América mestiza”; el asunto relativo a la AUTONOMÍA UNIVERSITARIA.

Pasado ya más de 50 años de que las y los jóvenes universitarios hondureños conquistaran la autonomía para esta universidad, la universidad del pueblo, me hago la interrogante ¿Hasta qué punto realmente hemos sido autónomos? y es que más allá de poder auto-gobernarse y ‘’elegir a sus propias autoridades’’ nuestra autonomía ha sido reducida a eso ‘’simple ejercicio administrativo’’, porque autonomía aunque se ha defino desde diferentes perspectivas filosóficas, sociológicas, políticas, jurídicas, algo si está muy claro, y es que la autonomía universitaria debe de producir una relación dialéctica con el Estado, solo así podrá esta desentrañar verdades ocultas como lo menciona Sergio García Ramírez en su libro ‘’Autonomía y Ley’’. Autonomía que hay que reconocerla como un instrumento fundamental contra “el pensamiento único” que los poderes establecidos imponen a partir de distintas creencias y filosofías. Pero hoy nos encontramos con una universidad que en vez de luchar contra ese pensamiento único del poder y recrear esa universalidad de pensamiento de la que está o debería estar construida una universidad, es parte de ese pensamiento único y que además de ser parte lo utiliza y lo impone ante la diversidad de ideas que existe en nuestra universidad.

Desde la década de los ochenta se comienzan a desarrollar cambios profundos en las políticas públicas para la educación superior en casi todo el mundo que tuvieron efectos notables en universidades públicas latinoamericanas. La estrategia de ajuste estructural adoptada, y en
general las políticas neoliberales que acompañaron al fenómeno de la globalización a finales de siglo abrieron nuevos temas y establecieron nuevos límites a la autonomía de las universidades. Las políticas públicas para la educación superior correspondientes al periodo incluyeron temas explícitos como la reducción del financiamiento público y la rendición de cuentas; la búsqueda de la “excelencia”, la evaluación y la adopción de prácticas de competencia y remuneración de mercado; así como los procesos de privatización y comercialización de la oferta educativa, de la producción universitaria y de las prácticas académicas, entre otros aspectos. Este conjunto de políticas abrió una nueva etapa de relación entre las universidades y el estado caracterizado, entre otros elementos, por una intensa y creciente competencia por recursos individuales e institucionales frente al estado mismo y de cara al mercado. De este modo la autonomía de las instituciones académicas y sus profesionales frente al estado y el mercado se redujo notablemente.

Desde esta panorámica nos encontramos ante una universidad que pierde a paso acelerado su autonomía ante el Estado y se entrega ante las ofertas mercantilistas del sistema económico actual, de esta manera es que nuestra lucha por la autonomía de la universidad está
vinculada a la lucha contra la privatización, la desnacionalización y la usurpación de las
instituciones públicas y nacionales para convertirlas en empresas mercantiles. Por eso, en estos momentos la lucha por la autonomía de nuestra universidad incluye la lucha contra la lógica mercantil de la vida y sus derivados de represión, enajenación, corrupción y deshumanización. Nuestra lucha por la autonomía universitaria es parte de la lucha contra la lógica mercantil, que sostiene que sólo deben producirse bienes y servicios para quienes tienen “capacidad de compra” y excluir de bienes y servicios a los expulsados del mercado de trabajo, y a quienes de manera creciente tiende a privárseles de los servicios que el Estado debe proveerles.

La creciente irracionalidad y agresividad de las políticas neoliberales forman parte hoy de la necesidad de profundizar la lucha por la autonomía universitaria. Se trata de enfrentar la política de despojo de las riquezas naturales de nuestro país, de impedir la desregulación y privación de los derechos laborales; así como la disminución de los costos de producción disminuyendo los salarios y reduciendo los empleos, e impedir, finalmente, la privatización y mercantilización de los servicios de educación, salud, vivienda, alimentación y seguridad social.

Hoy los universitarios tenemos una gran lucha por la autonomía universitaria que confronte a las corrientes del pensamiento que pretenden esclavizar el pensamiento y la acción del universitario. La autonomía universitaria reclama el derecho al pensamiento crítico. Sin lugar a dudas, la lucha por la autonomía universitaria implica enfrentarse a la mediocridad de los medios de comunicación que fomentan la desinformación y manipulan dolosamente la opinión ciudadana; implica enfrenarse a la visión que pretende una educación superior exclusiva para la élite del dinero, excluyente de la inmensa mayoría de la población en edad de ir a la universidad y que en sus planes de estudio sólo incluye los temas y problemas que considera “técnicos”, útiles”, “actualizados” y “políticamente correctos”.

Anteriormente apuntaba que se han dado diferentes definiciones a lo que significa Autonomía Universitaria desde diferentes áreas de estudio. Sin obviar cada una de esas definiciones Autonomía Universitario debe ser: El desarrollo del pensamiento crítico por medio de la academia, la ciencia y la cultura, la vinculación real de nuestra universidad hacia la sociedad, la investigación permanente sin restricciones ni exclusiones, el desarrollo humano en pro de la sociedad, la destrucción de toda lógica mercantilista hacia los bienes públicos de la sociedad. Podría seguir dando definiciones, pero que sean las y los estudiantes, todas y todos quienes definamos la Autonomía de esta universidad construida para el pueblo.

*Estudiante de Derecho y Militante del Movimiento Amplio Universitario (MAU) en la UNAH.