Por: Andrés Pavel*

Honduras ha vivido desde inicios del siglo la acentuación de varias crisis de violencia, aunque el origen de los diversos focos es el mismo: la marginación social, uno de estos focos, la delincuencia común, surge de parte de los marginados, las clases vulnerables cada vez más excluidas. Otro viene de parte de quienes son favorecidos por este mismo esquema de discriminación: violencia de género, los crímenes de odio, la violencia social y otras interacciones.

Debemos ser muy críticos ante la respuesta instintiva de la sociedad ante la debacle que nos ha alcanzado a todos y a todas. Hemos presenciado como reacción el recrudecimiento y propagación del pensamiento conservador tradicional; irónicamente el mismo que, con su fuerte componente de discriminación, intolerancia y autoritarismo en varias formas, ha desencadenado la exclusión y disfunciones sociales que son la raíz de la crisis.

Detengámonos en el bagaje que carga el pensamiento hondureño, típicamente muy conservador. Definimos pensamiento conservador como aquel que asume las convenciones sociales –el legajo de comportamientos repetidos y replicados, sin más justificación necesaria que el cumplimiento de la rutina. — como marco de referencia para juzgar la realidad, lo que es tolerable o inaceptable.

Ahora bien, toda convención social tiene siempre un componente de arbitrariedad –es una conducta inculcada en la crianza individual, impuesta con alguna medida de autoritarismo—pero, por demás, no es un concepto intrínsecamente bueno o malo sino por el actuar que comporta; puede definir una conquista social importante, como por ejemplo la emancipación racial, pero también puede perpetuar arcaísmos degradantes.

El pensamiento conservador, el dar rango de axioma moral a las convenciones, no permite su cuestionamiento. Se vuelve superfluo, discriminativo e incapaz de aplacar sus propias contradicciones más que por la vía autoritaria.

Su contraparte es el pensamiento progresista, que toma como punto de partida precisamente la crítica a las costumbres sociales. Se propone o cuestionar, denunciar y abolir las normas que –según el punto de vista que adopte— considere nocivas, y alcanzar conquistas de liberación individual y colectivo. Debe ser eminentemente racional –pues la arbitrariedad solo termina ahí donde comienza la racionalidad, y viceversa--, de lo contrario se vuelve dogmático, y no menos excluyente que el conservadurismo.

Ejecutores del progresismo han sido todos los movimientos emancipadores históricos; de estos, en la fecha que se celebra el día internacional de la mujer, debemos sentirnos instados a reflexionar sobre el más ambicioso y edificante de estos movimientos: el feminismo. Porque su agudeza moderna ha trascendido la lucha por la emancipación de las mujeres, y nos insta a extirpar la violencia social en todas sus formas, llamando a transformar y denunciando desde su raíz el enorme complejo de interacciones destructivas y antivalores que es la cultura patriarcal, impuesta desde tiempos de la conquista.

Cultura que no se limita a la violencia de género, sino que ha sido omnipresente en toda forma de depredación social, de abuso y explotación, de interacciones de dominación, sumisión y exclusión cuya suma no ha dejado como saldo la convulsión social de nuestros tiempos. Lejos de seguir alimentando esta cultura de patriarcado, hoy debemos proponernos su transformación definitiva. El camino no es fácil; el conservadurismo se nutre de la complicidad de los beneficiarios del esquema vigente de exclusión y sometimiento, y de la falta de conciencia crítica de las masas sobre su propia condición. Solo a través de una laboriosa acción formativa podremos crear el contexto para nuevas conquistas progresistas, en el seno de un país donde prima un pensamiento tan arcaico, y en medio de un proceso en que pareciese que todo nuestro subcontinente latinoamericano está siendo asaltado por una ola de fundamentalismos y rapacidades curiosamente coaligados. Hoy cambiar esta realidad importa más que nunca.

* Andrés Pavel es un artista y analista hondureño que ha publicado sus artículos en diferentes medios alternativos.