Por Víctor Manuel Ramos

El presidente usurpador Juan Orlando Hernández (JOH) ha tomado la decisión de militarizar los hospitales del fraude. Con toda la información que ha brindado la prensa y sabedores de que hay un proceso de investigación en la Fiscalía –que es poco creíble para el pueblo hondureño-, a cualquiera de los malnacidos hondureños esta decisión del JOH nos huele a un intento de tapar toda la podredumbre que hay en torno a la compra corrupta y la estafa a que nos ha sometido el gobierno. Hace las del gato.

Pero a estas alturas del drama, JOH no quiere entender que ya que no hay nada que ocultar, que toda la trama de deshonestidad con que se han manejado los fondos destinados a enfrentar el COVID 19 es sabida por todos. No cabe la menor duda de que es corrupta, no apegada a la ética y a la decencia que nos deben los funcionarios públicos.

Toda la actuación deshonesta del gobierno para gastar los pesos del pueblo en el tratamiento de la pandemia está podrida y esa y no otra es la razón por la que en algunas partes del país hiede, como si nos hubiese caído una lluvia de mierda y no de peces, como lo ha expresado Rodolfo Pastor Fasquelle.

Todo el afán inocultable está en que el Partido Nacional se empeña nuevamente en ganar las elecciones a como dé lugar. Perder el poder significa que tendrán que rendir cuentas ante una nueva Fiscalía y una nueva Corte Suprema de Justicia y con la cooperación de una nueva policía con las manos limpias. Este asunto de meter las manos corruptas en los dineros para enfrentar la epidemia es historia repetida en el desprestigiado Partido Nacional porque no podemos olvidar lo que pasó con el Instituto Hondureño de Seguridad Social, con el Caso Pandora y muchos más. Todos esos actos fueron para financiar sus campañas y para comprar voluntades asquerosas.

La triste historia de Honduras nos dice que el Partido Nacional, sin con esto querer salvar a su compinche el Partido Liberal, ha estado inmiscuido en todos los actos de deslealtad y corrupción hacia la patria, desde cuando se confabularon en contra de Morazán y tocaron las campanas por su fusilamiento, desde cuando desintegraron la Federación, desde cuando entregaron la soberanía nacional a las compañías bananeras, desde cuando fueron los responsables de todos los golpes de Estado, desde cuando han fomentado la miseria en contraste con la riqueza que ostentan impunemente quienes desempeñaron cargos públicos, desde cuando los que han desempeñado funciones públicas ostentan riquezas deshonestas, desde cuándo se han convertido en mequetrefes del que pretende ser policía del mundo para someter a otros pueblos que han conquistado su independencia y soberanía.

JOH piensa que con la entrega a los militares de los hospitales del fraude podrá ocultar que lo comprado no es lo que debería ser. Que al impedir a la prensa informar sobre la instalación de estas estructuras pretende que no nos enteremos de todos lo asqueroso de esta compra y que podrán completar lo que no existe, a escondidillas, con más pesos esquilmados al pueblo.

Lo que me asombra es la mansedumbre de las Fuerzas Armadas. Que los militares acepten participar en el ocultamiento de la verdad es grave. ¿Será que también se hacen un nudo para protegerse porque igualmente están señalados por la Fiscalía norteamericana? Y más asombra la indignidad de la señora Ministra de Salud que no tiene honor suficiente para renunciar cuando JOH la desautoriza públicamente.

Las Fuerzas Armadas, que ellos pregonan ser la institución con más cariño del pueblo, tiene en sus espaldas delitos graves: avaló un golpe de Estado, reprimió al pueblo que salió a defender la legalidad, irrespetó la Constitución al permitir la violación de la alternabilidad en el poder, asume funciones que no le ha fijado la constitución –dirigir la agricultura, dirigir los hospitales, hacer el papel de policía represora, respaldar a un régimen señalado en Los Estados Unidos de América con serias vinculaciones con el narcotráfico, tolerar y quizá ser partícipe de la corrupción. Pompeo acaba de confirmarlo en entrevista con un grupo de senadores. Le preguntan a Pompeo si en el contexto de todo eso, no es tiempo que ellos (EE.UU.) deberían evaluar la relación que ha sido un poco acogedora con el presidente de Honduras. Pompeo responde que saben perfectamente lo que está sucediendo y están exigiendo constantemente al liderazgo de Honduras «encargarse» de esos asuntos y que como en muchos otros países no están teniendo los resultados deseados. «Estamos trabajando en eso» dijo finalmente Pompeo. ¿Creen ustedes, señores militares que tales actuaciones les generan simpatía entre los hondureños? No. Por el contrario, es un sentimiento generalizado el que las Fuerzas Armadas deben desaparecer y que esos fondos que tienen presupuestados son muy elevados si los comparamos con los destinados a las tareas para paliar la pobreza.

Señor Juan Orlando no complique su situación, deje que todo lo relacionado con los hospitales sea transparente. No quiera ocultar lo que todos sabemos. Señores militares, no actúen más como cómplices de la corrupción. Muy pronto el pueblo les cobrará el no tener la gallardía para cumplir con el mandato de lealtad, honor y sacrificio debidos al pueblo y no al imputado que nos gobierna. Por ahora sería más interesante que nos responda ¿en dónde está el dinero?

Es tarea del pueblo y del Colegio Médico de Honduras impedir la militarización de la sociedad y de la salud. Actuar con energía y castigar a quienes acepten cargos médicos bajo la bota militar. 31 de julio de 2020, Tegucigalpa.


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