Por: Juan López
DPD, Pedagogo
05 de julio 2020

No se puede luchar por la vida del pueblo Hondureño y mantener al mismo tiempo al ídolo dinero en funcionamiento empresarial en plena pandemia. Ahora son médicos quienes están poniendo las cosas en su lugar. La sociedad está acostumbrada a aplaudir, vitorear y hasta besar a los grandes líderes que discursan sobre aquello que el pueblo necesita, hombres o mujeres que levantan la esperanza en un mundo de justicia y de verdad aunque no llegue a realizarse, casi siempre personas que no pertenecen al mundo de los excluidos y hambrientos, sino a elites que saben jugar y manosear la subjetividad de la población. En estos tiempos de pandemia, de crisis global y derrumbe de toda esperanza anclada en personas e instituciones, cuando todo se encuentra en la cuerda floja, la palabra del medido es una palabra de Dios. Estamos en la metamorfosis de la resignificacion del ser humano, la humanidad, el mundo, la vida.  

El orden hegemónico mundial nos había puesto figuras personales como referentes de la vida, de la historia presente y del futuro. Esas figuras tradicionales, surgidas de la gran academia, de los grandes centros de producción del conocimiento, gente muy bien preparada en distintas esferas de la ciencia, en este momento de la historia no dan la talla, la realidad exige un saber que no sabemos. Se escucha decir por allí que al pasar la pandemia, y volvamos a la normalidad, tendremos nuevas formas de relacionarnos, que seremos diferentes, en realidad la historia no conoce regresividad. Cada evento, cada momento de progreso o de atraso y dolor como ahora, es único e irrepetible y cada momento histórico, es un eslabón más que compone la cadena de la historia y contribuye a empujarla hacia otros estadios superiores. No sabemos en que dia histórico estamos, pero no hemos llegado al séptimo dia para descansar. ¡Quién sabe si estamos en el segundo dia todavía!.

La historia de la humanidad organizada sobre la injusticia, el dominio y la explotación de pocos sobre la inmensa mayoría, es una historia de violencia. Estamos sentados sobre una historia de violencia dice el ecoteólogo Leonardo Boff. Pensando en los hechos de la conquista y colonización, las enfermedades y el asesinato producto del extractivismo colonial de los conquistadores europeos sobre los indígenas eran causa común. En la última década tras el golpe de Estado orquestado por los grandes intereses corporativos mundiales, hemos llegado, según lo reconocido por instituciones del Estado, hasta siete mil setecientos asesinatos en trescientos sesenta y cinco días. Y al sumar todos los registros de muertes por diversas causas, el cuadro ha sido terrible. Y aunque hay voces en denuncia permanente de esa danza macabra, la fuerza mediática de los capitales han normalizado la violencia, y se ha hecho algo cotidiano y asimilable para la sociedad. ¿Esa es la normalidad a la que queremos regresar?

Caricatura: Luis Barahona (Garabatostudio)

Cuando el régimen nos dice que vamos a volver a la normalidad, nos está diciendo que entiende por normalidad y quiere hacerla prevalecer.El coronavirus como tantos virus y pandemias en la historia de la humanidad es una realidad que nadie puede negar, existe, y sus impactos cada dia son mayores. ¡Cuánto quisiéramos encontrar una varita mágica con la cual acabar con esta drama de una vez, pero no es posible!. Es que darse cuenta que el pueblo está muriendo porque ese es el único camino que queda en un contexto de absoluta desprotección, produce un dolor que desgarra nuestras entrañas. Saber que mujeres y hombres médicos, personal de salud que sabiendo el altísimo nivel de riesgo, ha estado todos los días en su centro de trabajo, personas que se dieron cuenta que el virus llegó a su cuerpo, dieron y dan la vida por la vida, eso es extraordinario. Ante tan dantesco drama, un amplio sector de la sociedad se pregunta ¿y Dios dónde está? ¿Existe o no existe? Otros nos preguntamos ¿y el gobierno que debe una explicación exhaustiva del manejo de todos los recursos del Estado para atender a la sociedad dónde está? Estamos en el límite de nuestras posibilidades de vivir, uno se pregunta quién será la próxima víctima, si será uno mismo o alguien muy cercano. Nadie tiene seguro de vida.

Este proceso de resignificacion de la vida humana implica una purificación de la economía y la política, tanto como la religión y demás formas de expresión de la ideología, la gente sabe rehacer su vida en los territorios. Es verdad que el coronavirus y la economía extractivista que impone el capitalismo criminal (minera, hidroenergética, monocultivos, maquilera, banquera, etc.) caminan en matrimonio perfecto protegido por la militarización, y el riesgo es mayor en todo el territorio nacional, pero el pueblo es simiente de vida y de existencia en la historia, ahora mismo, sin campaña y sin medios que la visibilicen, las comunidades y sectores populares van redescubriéndose y reconociendo las prácticas culturales y ancestrales de producción y reproducción de la vida. ¡Existe el viento de la vida que no hace bulla!.

Es seguro que las instituciones públicas responsables de garantizar las condiciones financieras, infraestructurales, tecnológicas y de conocimiento para el cuido de la vida, no están en condiciones de hacerlo bajo un régimen corrupto y bárbaro, la gente debe volver al encuentro en la cuadra, el barrio, la colonia, la aldea y el pueblo. Hay quienes esperan una desobediencia civil como antes en las calles, pero dadas las condiciones, la desobediencia podrá iniciar conquistando la unidad y la solidaridad en los territorios, produciendo su alimento y elaborando su medicina natural en colaboración reciproca con el gremio médico.  Nada está escrito, el régimen necesita mantener el control del Estado para tapar su porquería en la corrupción y el narcotráfico, pero no lo podrá hacer por mucho tiempo, la vida del hombre es corta y los regímenes totalitarios como el que Juan Orlando impone ahora en Honduras, tienen su propia crisis interna. Juan Orlando y su régimen tienen fecha de elaboración y fecha de vencimiento.

Llevando en el corazón el dolor de las muertes, enterrando cadáveres por todos lados, junto al hambre que se agudiza, el pueblo tiene la misión de juntarse y poner sus saberes en común para liberarse en comunidad. Creer en el pueblo aun cuando parezca que todo está perdido, es cuestión de fe y de esperanza. Cuando los sabios y entendidos se enfrascan en la corrupción, el narcotráfico y el crimen organizado desde las instituciones públicas unidas a las grandes cadenas empresariales que entierran sus dientes en los territorios, es el momento de los pueblos y, ¡cuánta razón hay en la profesión de fe de Jesús en el pobre, en los sencillos! “Yo te doy gracias Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las revelaste a la gente sencilla, si Padre, así te pareció bien”. El camino de los sencillos y los pobres, es el camino de la libertad y de la transformación.


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