Víctor Manuel Ramos

Muy preocupante resulta el silencio de quien ostenta, ilegalmente, la presidencia de la República en torno a los escándalos de corrupción que han salido a la luz pública, con motivo de la pandemia que tiene al pueblo hondureño en la zozobra y llena de pánico. Esto, a pesar de sus constantes comparecencias en las Cadenas radiales, que no dejan de ser un abuso, pues en ellas se dedica a hacer el papel de médico y no de conductor de un país.

Todos sabemos, por las informaciones periodísticas, de los actos de corrupción de altos funcionarios del gobierno cuando se compraron las mascarillas sobrevaloradas y que, muchas de ellas aparecieron en manos de parientes de funcionarios o de activistas del Partido Nacional ofreciéndolas a la venta a través de los medios sociales de comunicación. También ha resultado escandalosa la compra de los ventiladores que, también a través de las noticias, sabemos están abandonados en bodegas porque no son los adecuados o porque no tienen la calidad requerida y, posiblemente, no están completos. Y, qué decir de la compra de las cafeteras compradas a precios inflados y de los guantes y batas de protección. Lo mismo pasó con las pruebas para diagnosticar Coronavirus, fueron recibidas sin estar completas y ahora son inservibles.

Ha hecho el gobierno una fuerte inversión, con la compra de los elementos de la terapia MAIZ, muy a pesar de que ningún resultado científico de nivel creíble ha certificado que esos medicamentos son realmente eficaces en la lucha en contra del Coronavirus. Mientras en los Hospitales no se cuenta, por declaración de los médicos, con los insumos que realmente son indispensables, tales como oxígeno y otros medicamentos indispensables Por otra parte no es correcto distribuirlos como albricias, casa por casa, solamente para sostener una campaña política que de falsa seguridad a los hondureños. Recuerdo cuando trabajaba como médico en Servicio Médico en El Triunfo, Choluteca: fui a visitar hogares y ahí me encontré, en los tabancos o en algún sitio de las viviendas muchos de los medicamentos que el Centro daba a los enfermos y que no se los tomaban. Esos medicamentos estaban abandonados y significaban un gasto innecesario para el Estado. Nuestras gentes no creen en los tratamientos orales porque consideran que con una inyección se curan sus males. Pues lo mismo va a ocurrir con las Bolsas MAIZ, que el gobierno, contradiciendo a la Constitución -dice que el Español es el idioma oficial-, las ha rotulado como MAIZ PACK.

Pero lo que ha rebalsado el vaso de la corrupción es la compra de los hospitales móviles. Para todos los hondureños, es este un atraco que solo tiene parangón con lo ocurrido en el Instituto del Seguro Social. Un pobre diablo puesto a dirigir una institución le mandan a comprar falsos hospitales móviles, en tratos con un delincuente llamado Axel López, tras varios meses de espera los hospitales no llegan, mientras se descubre que la empresa a la que supuestamente se le compro, no ha vendido nada y no fabrica hospitales y que los precios de compra, con dinero adelantado y sin garantías, supera en gran medida a los precios que ofrece el mercado. A todo esto, también, según las informaciones, el FBI ha tomado cartas en este asunto. Un atraco de 11000 millones de desplumados lempiras.

¿Por qué el presidente de facto no ha salido a aclarar estor escándalos? ¿Será que también es cómplice -todos pensamos que lo fue en el escándalo del Seguro Social, como se puede deducir de las informaciones que se publicaron? Estos escándalos ocurren, vean Uds., en momentos en que se acerca la campaña electoral, exactamente tal como sucedió con lo del Seguro Social. ¿Será que, al señor Bográn solo lo han utilizado para servir de mediador en el apropiamiento indecente de los recursos destinados a enfrentar la epidemia del COVID 19 y pagará, como el Dr. Zelaya, él solo y los gatos acompañantes, en las cárceles su falta de honradez, dignidad y de valor para rechazar ser inmiscuido en estos graves delitos?

El hijo de una amiga mía pasó por una situación muy dolorosa en las circunstancias del Seguro Social. Él tenía su pequeña empresa y fue invitado a unas cenas que se celebraban con la presencia de JOH. Los asistentes debían aportar L.100.000 lempiras en cada ocasión. El chico del cuento argumentó que no podía tal suma porque no estaba a su alcance. Entonces le propusieron un negocio. Le compraron un equipo. Como su empresa no contaba con el  dinero para hacer las adquisiciones le propusieron un préstamo bancario. Él entregó el equipo al Seguro pero el Estado no le pagaba. Todo esto hacía que no pudiera cancelar las cuotas de su deuda y los intereses iban subiendo exageradamente. Estando en estos apuros, ante la indiferencia del Estado para pagarle, acudió a un amigo, el hermano de Zelaya que estaba en los Estados Unidos. Éste se comprometió a resolver el asunto a cambio de una buena cantidad de dólares que el chico pagó a través de una transferencia bancaria. Pues bien: fue a parar a la cárcel por haber sobornado al hermano de Zelaya, cuando realmente el sobornados –ahora encarcelado en Los Estados Unidos- fue Zelaya. Y, de esta suerte, los presos del atraco al IHSS, fueron los gatos, mientras que quienes se beneficiaron realmente de esos dineros ahora nos gobiernan.

Señor Juan Orlando Hernández, Ud. nos debe una explicación y también que tome medidas para que los que se han apropiado de los dineros del pueblo destinados a enfrentar la pandemia se enfrenten a la justicia. El Fiscal General y la Corte Suprema de Justicia son sus compinches, Usted los hizo nombrar de forma fraudulenta, y son responsables por no hacer nada, por no cumplir con sus deberes. Y como las dudas llegan hasta su persona, creo que, además de su explicación y de los pasos destinados a abrir una investigación profunda y veraz, Ud. debe separarse del cargo hasta demostrar su inocencia.  De no hacerlo así, seguiremos con ese sabor amargo y pensando, quizás injustamente, que Ud. está utilizando a miembros de su gobierno para acumular, nuevamente, dineros destinados a salvar vidas de hondureños, para financiar su campaña electoral. ¿O la pandemia le vino como anillo al dedo, Señor Juan Orlando? 1 de julio de 2020, Tegucigalpa.