Por: Víctor Manuel Ramos

Cosas interesantes ha revelado la fracasada invasión , llamada Operación Gedeón, cuyo propósito era capturar al presidente Nicolás Maduro Moros, de la República Bolivariana de Venezuela, a los demás altos dignatarios del gobierno; entregarlos a la justicia (¿) norteamericana e instalar como presidente al títere Juan Guaidó. Además de que la operación fue un fracaso, a tal grado de que se le ha nombrado la Segunda derrota del Imperialismo en América, la Segunda Playa Girón, ésta se produjo casi simultáneamente con la acusación que el Fiscal del Distrito Sur de Nueva York, hizo pública en contra del ex Jefe de la Policía hondureña, el General Rodolfo Bonilla, alias Tigre Bonilla. En el documento de la fiscalía de Nueva York, se vuelve a señalar al presidente ilegal de Honduras como narcotraficante, con su nombre y apellido, pues en los anteriores documentos relacionados con el juicio de Tony Hernández, hermano de Juan Orlando Hernández y condenado también por narcotraficante, en el mismo tribunal de Nueva York, se le mencionaba, sin lugar a dudas de quien se trataba, como CC4.


Resulta que la Operación Gedeón fue acordada en la misma Casa Blanca, cuando Guaidó fue recibido por Trump, junto con el asesor militar Jordan Groudeau. Los objetivos de la incursión marítima los he señalado arriba: todos ellos constituyen delito de acuerdo con la legislación norteamericana y la internacional Para que la operación se llevara a cabo, los encargados, entre quienes se encontraba Groudeau, J.J. Rendón y el ex parlamentario venezolano prófugo Sergio Vergara, llegaron a acuerdos con Groudeau, un ex militar boina verde de Los Estados Unidos de Norte América, y aunque elaboraron un documento de varias páginas en el cual se especifican todas las obligaciones de Silvercorp, la agencia de sicarios de Groudeau, y la de Guaidó y su pandilla, que incluye, entre otras cosas el pago de 212 900 000 de dólares, se redactó otro documento más breve que fue firmado por Grudeau, J. J. Rendón –asesor de Juan Orlando Hernández-, Juan Manuel Santos –presidente de Colombia-, Juan Orlando Hernández –presidente ilegal de Honduras- y por el abogado de Tony Hernández, hermano del Juan Orlando y sentenciado en Los Estados Unidos por tráfico de drogas. Firmaron, seguramente, Hernández y Santos, con la soga al cuello puesta por Trump. "El equipo de servicio prestará asesoramiento y asistencia a un grupo de asociados en la planificación y ejecución de la operación para capturar/detener/destituir a Nicolás Maduro (en adelante "el objeto principal"), destituir el régimen actual e instalar al reconocido presidente de Venezuela, Juan Guaidó", dice el documento de 42 páginas. Fracasada la intentona, todos los actores se han desvinculado del asunto.


La vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, calificó de "patético" el contrato firmado para derrocar al ejecutivo de Nicolás Maduro, mediante la operación Gedeón.


La fracasada operación fue enfrentada por las Fuerzas Armadas Bolivarianas, enfrentamiento que produjo 8 muertes y mas de 40 prisioneros, muchos capturados por la población, entre ellos, el capitán Robert Colina -alias Pantera-, dos sicarios norteamericanos que han confesado todo sin tapujos y algunos exsoldados desertores.


Juan Orlando Hernández, tras ser señalado en Los Estados Unidos como narcotraficante, y luego de la entrega de el Tigre Bonilla, a quien se intentó acusar en Honduras para evitar la extradición, más el fracaso en el manejo de la pandemia del Coronavirus, salpicada por la más vergonzosa corrupción en el uso de los fondos destinados para enfrentar la epidemia, por los antecedentes, seguramente, para captar fondos destinados a la futura campaña electoral en la que podría Juan Orlando re postularse, para evitar cualquier juicio en Los Estados Unidos.


El Ministro Ebal Díaz ha salido en defensa de su jefe: “Me molesta y me indigna que digan que Honduras en un narco Estado.” Juan Orlando Hernández Alvarado, indómito de Lempira, enviado directo del señor Jesucristo, que murió por nuestros pecados, el mejor gobernante de Honduras”. Al mismo tiempo, el presidente ilegal está congraciándose con los militares: les ha pedido que dirijan la agricultura, ha suplantado de esta manera al Ministerio de Agricultura, ha delegado a los militares para que administren los Hospitales inflables comprados a precios superiores varias veces a los del mercado y que aparecen inservibles para enfrentar la campaña y desata una ola de terror aprovechando la situación de la pandemia..


En el escándalo que se ha desatado en la vida nacional aparecen con fundamento las siguientes interrogantes:
¿Será acusado formalmente, el señor Juan Orlando Hernández como narcotraficante en las Cortes norteamericanas?
¿Será acusado, por los mismos norteamericanos, el señor Juan Orlando Hernández por firmar un documento en el que se contratan a sicarios para derrocar y asesinar a un mandatario electo por el pueblo? Los fiscales norteamericanos ya han llamado a algunos participantes en este acto delictivo fallido a declarar y las Cámaras están tomando cartas en el asunto.


¿Actuará la fiscalía hondureña de oficio para investigar los actos de corrupción derivados del manejo de la epidemia del Covid 19 en Honduras?
¿Actuará de oficio el Fiscal de Honduras para investigar los señalamientos que un fiscal norteamericano hace a Juan Orlando Hernández como narcotraficante?


Si a estas circunstancias, que ponen en precario la estabilidad de Hernández al frente, de manera ilegal, del Estado hondureño, progresan, y si el pueblo, con sus diferentes corrientes políticas se une, los días del golpista estarían contados. Difícilmente Mr. Trump querrá seguir vinculado con alguien que señalado de delinquir en el interior del país para traficar drogas, e internacionalmente para contratar sicarios para derrocar a un gobierno extranjero.