Por: Ana Rivera

Creo que es momento de dejar de mentirnos. Como humanidad hemos avanzado poco, pareciera que estamos esperando que algo más grande que nosotres cambie toda nuestra existencia y de repente tengamos frente a nuestros ojos un mundo más justo y equitativo.

Mi contexto está lleno de personas con muchos privilegios, los cuales odiamos a JOH, creemos en que hombres y mujeres son el par político y que para tener una sociedad más justa merecemos ambos ser tomados en cuenta y respetados de forma igual. Sabemos que las cosas no se están haciendo bien, que las mujeres deben estar en más espacios de poder, nos quejamos continuamente de la sociedad en la que vivimos y nos organizamos para protestar, cuestionarnos o al menos desahogarnos de lo que sucede. Pero, realmente, ¿qué tanto estamos cambiando del status quo? ¿Qué tanto estamos cambiando nuestro ser, lo personal, lo individual, de manera que afecte la colectividad de una forma positiva? Porque no existe la colectividad sin la individualidad, ni viceversa. Y ambas se afectan entre sí.

Si algo me ha dejado claro esta cuarentena, es que tanto hombres como mujeres deben escucharse más a sí mismos. El feminismo es mi pasión, entre más conozco del tema más quiero aprender. Me ha llevado a aceptar quien realmente soy. Me ha llevado a cuestionarme muy internamente, cuestiones que nunca pensé diría en voz alta. Esta cuarentena y mis imaginarios feministas, me han llevado a un sitio donde me dejé caer en una posa de agua muy fría, para darme cuenta que estaba totalmente equivocada en todo. Que mi vida ya estaba programada desde que nací, para no pensar en nadie más que mí misma, pero también en quién será mi esposo y luego en cómo voy a sostener esa supuesta familia. Pero que además, he repetido el patriarcado mil veces en mis comportamientos y actitudes.

Soy una mujer feminista, ambientalista, bisexual y se me hace necesario expresarlo porque es parte de mí y de aceptar quién soy. De acuerdo a mi madre, le fui rebelde desde los 8 años y ella por querer que yo fuera la niña perfecta, se dio a la tarea de pelear conmigo por ese sueño (de ella). Y no es que sea una rebelde sin causa, simplemente no puedo tener una visión como la de ella, porque aprendí que esa no era la forma en que sería feliz.

Aún no puedo hablar con ella sobre mis preferencias sexuales o mis imaginarios. A penas y llego a decirle que no tendré hijes o que no me voy a casar y sufre mucho. Sin embargo, yo también he sufrido por tratar de sostener un sistema patriarcal que se me impone como la solución a mi vida y no es más que la repetición de patrones establecidos. Mi cuerpa lo rechaza y no puede enjaularse en esta visión tan limitada del mundo.

La historia nos refleja que lo que más hemos hecho como humanidad es repetir; la era de la copiadera como diría Residente. Repetir deseos y sueños. Repetir las formas de organizarnos, mujer-hombre, para luego casarnos y no pensar en nadie más. Es aquí donde debemos comenzar. Es aquí donde acabamos con el patriarcado y el capitalismo. La frase lo personal es político de Kate Millet, sigue estando vigente.

Adam Smith decía que la ambición individual sirve al bien común. Estaba totalmente equivocado. Y estas son las bases del sistema económico que nos rige. Sin embargo, lo que sirve al bien común es el bienestar de todas y todos.

Imaginemos otra forma de organizarnos, pensar en que nos podemos organizar en tribus, comunas, comunidades, clanes; donde velemos por el bienestar (afectivo y económico) de todos y todas de manera conjunta.  Necesitamos comenzar a escuchar esos conflictos internos y externos que nos dicen que algo no está bien. Los conflictos son una oportunidad de cambio, pero si al problema le damos la misma respuesta, el ciclo se repite. No es posible, en estos tiempos, no pensar en ayudar a los demás. En que si tu amigue está mal económicamente o emocionalmente, no podés ayudarla porque estás pensando solamente en tu bienestar. El egoísmo y la ambición que nos han socializado (enseñado a través de todas las instituciones sociales), no nos ha permitido romper con los esquemas mentales que nos hacen repetir y repetir, seguimos desarraigados de nuestras raíces, de la pachamama y de las personas que nos rodean. Esto, nos ha llevado a grandes conflictos, con nuestro planeta y los demás.

Lo más difícil es nuestra propia transformación. Los hombres y las mujeres necesitamos escucharnos más para poder expresar y conocer el mundo en el que queremos vivir. Sí aún no lo sabemos debemos descubrirlo. Poder hablar y decir lo que verdaderamente queremos en nuestras vidas es liberador, pero es muy duro. ¿Cómo le decís a tu pareja que sos gay? ¿Cómo le decís a tu esposo que ya no quieres estar con el? ¿Cómo le digo a mis padres que soy lesbiana?¿Cómo ayudamos a otros? ¿Cómo nos cuidamos?

Es importante darnos cuenta que no estamos solas ni solos. Conozco demasiadas mujeres y hombres que se mienten a sí mismos, a sus parejas, a sus madres, padres, tíos, tías, por el simple hecho que no pueden ser, quien realmente son. Pero también conozco muchas que han roto con sus paradigmas y se lo han jugado todo por su felicidad. Los arquetipos que conocemos son patriarcales, por lo tanto son una visión unilateral del mundo. Es necesario romper con ellos.

Si queremos un mundo mejor, vamos a tener que implementar mucho la escucha activa, el perdón, el amor, la empatía y la colaboración mutua. Debemos escuchar a las nuevas generaciones, las y los jóvenes, los y las niñas que aún no están tan pegados en la matrix. Poder entender que tenemos un multiverso de posibilidades que se abren con tan sólo tomar una decisión.

Empezar cambiando la educación de las personas desde pequeños, enseñando a amar y a colaborar sin discriminación. Eliminar el género, las razas, las fronteras y otras barreras mentales que nos estancan como humanidad. Volver el espacio de la casa como espacio político para acabar con el patriarcado, el espacio social comunitario como apuesta ante un sistema capitalista fallido y abrir la mente para aceptar todas las formas de vida y de amarnos.