Por: Víctor Manuel Ramos

Yo hice mi especialidad en Cuba, en la ciudad de La Habana, en el espectacular Hospital Hermanos Ameijeiras. Ahí cursé 43 años para especializarme en Anestesiología, reanimación y dolor, con cuerpo de docentes extraordinario –científicamente y humanísticamente-, un grupo de compañeros con quienes se podría decir que me sentía como con hermanos y con los compañeros técnicos y empleados de diferente nivel con quienes confraternicé de maravilla. Quise estudiar Cirugía en Honduras, pero la terna que me entrevistó y me evaluó rechazó mi solicitud: tenía muy buenas calificaciones pero era peligroso por mis posturas como líder estudiantil y mis posiciones políticas. Uno de los requisitos era tener el título. Yo lo tenía porque me gradué a los 16 días de egresado.


En Cuba tuve que esforzarme mucho. La exigencia académica era realmente intensa y había que estar sobre los libros y las revistas para tener un buen nivel y para poder alcanzar una buena calificación. Los maestros tienen el grado de Profesores que es la categoría científica más alta en Cuba y aprietan duro con el estudio. La razón para esforzarme tanto es porque todos mis compañeros estudiaban tanto porque ellos iban por una calificación de 100. Yo no quería quedarme atrás. En mi examen final, oral y público, no perdí pregunta.


Mi experiencia académica fue fabulosa y ahí aprendí sobre el verdadero humanismo de los médicos. Ahí me comprometí con mi carrera como médico, pues, además de mis profesores de aula y de práctica, tenía al gran maestro que orientaba cada vez que aparecía por los medios o en sus visitas al Hospital: el comandante Fidel.


Cuando regresé de La Habana apoyé al Dr. Samayoa para fundar el post grado en Anestesia. Los que ahora se oponen a la venida de los cubanos se opusieron entonces a que se hiciera realidad el post grado. Me acusaron de boberías y pretendieron expulsarme de la Asociación de Anestesiólogos de Honduras.


Mi primera experiencia con los cubanos fue con motivo del FIFI. Fueron los primeros en llegar y se instalaron en San Pedro Sula. Atendieron una cantidad enorme de pacientes y estaban realizando un trabajo extraordinario de tal suerte que el Dr. Aguilar Cerrato, el Ministro de Salud, estaba totalmente agradecido con ellos. Llegó, entonces, la presión norteamericana para que los expulsaran, no porque no fueran buenos profesionales, no porque no fueran doctores, como nos dicen aquí a pesar de que cuando egresamos de la Facultad no hemos realzado estudios para tal grado,…

La razón es porque su amabilidad, su cariño con los pacientes, su entrega y su formación académica hicieron que, desde todos los rumbos del país, acudieran en demanda de consulta médica. Entonces yo era presidente de la Asociación de Estudiantes de Medicina y Cirugía de Honduras (AEMCH) y rentamos un autobús para ir al aeropuerto de La Lima a despedirles. El aeropuerto estaba desbordado de la gente que lloraba por la partida de la brigada.


Después llegaron, los primeros, cuando el MITCH. Hicieron una labor extraordinaria tal que condujo a que se firmaran convenios entre Honduras y Cuba para mantener permanentemente la cooperación cubana con excelentes resultados, hasta que, nuevamente, por presiones, esta vez de Trump, se rompió el convenio y los cubanos debieron regresar a su país.


Es harto conocida la brillante solidaridad que los cubanos han brindado a muchos pueblos del mundo que se han visto en situaciones de emergencia por terremotos, epidemias, inundaciones y todo tipo de calamidades. Ahora con motivo de la pandemia del Coronavirus están asistiendo a muchos países, entre ellos Italia y muchos países del Caribe. Le oí a López Obrador que estaba analizando la idea de solicitar apoyo a Cuba para enfrentar la epidemia del Covid 19.

Según tengo entendido, el gobierno ha negociado con Cuba la venida de una brigada de expertos para ayudar a los compatriotas a enfrentar la trágica situación que vivimos. No tardaron los enemigos gratuitos de Cuba en hacer un coro para condenar esa decisión gubernamental: los médicos que vienen apenas son licenciados (¿somos nosotros, cuando egresamos, licenciados o doctores?), que los hondureños hacen 8 años y los cubanos 6 (porque nosotros hacemos 2 años de ciencias generales que en Cuba las pasan en la secundaria), que no tienen experiencia en el Covid 19 (es que hay médicos con gran experiencia en esto), que nos traen el virus del comunismo que es más peligroso, que vienen a sustituir y a ocupar los puestos que deberían ser para hondureños, que no vienen de gratis y que Cuba vive de exportar médicos, y otras insensateces más. Vienen a Honduras muchas brigadas médicas norteamericanas y no he oído que se queje ningún médico por eso.


He escuchado, en reiteradas ocasiones, a ilustres científicos expresar, con motivo de esta tragedia que enfrenta la humanidad, que la solidaridad no debe ser politizada ni rechazada, por el contrario debe ser aceptada con agradecimiento porque siempre será valiosa la cooperación que permite enfrentar en conjunto los problemas y promueve el acercamiento de los pueblos y el mutuo beneficio con la experiencia adquirida en colaboración.


Por eso no debemos mezclar el problema del desempleo médico con la solidaridad que ofrece Cuba, que no tiene nada que ver con que el gobierno tenga tantos médicos en la calle. Es al Colegio Médico y a los mismos desempleados a quienes corresponde emprender la lucha, sin cuartel, para que se les presupueste plazas de tal suerte que todos los centros de salud estén en manos de médicos graduados, con los chicos en servicio social como colaboradores.


Además los médicos cubanos no vienen a apoderarse de plazas que deberían ser para médicos hondureños. Ellos vienen a colaborar de buena fe, con todo el humanismo del que están imbuidos y con toda la formación científica que les asegura el sistema educativo cubano.


No es verdadera la vanidosa creencia de que los médicos de Honduras son los mejores del mundo. Los hay buenos y malos porque en todas partes se cuecen habas. Como profesor, en la Facultad de Ciencias Médicas, puedo asegurar que vi a chicos graduarse sin tener la formación académica necesaria para tener el derecho al título. Ahora los veo en altos cargos de gobierno. Esa pretendida superioridad ha conducido a que los muchachos que estudian en Cuba tengan que hacer dos años de servicio médico en Honduras de manera discriminatoria.


Cuba ha enfrentado por décadas un brutal y criminal bloqueo, Debe buscar formar de burlar ese crimen y de agenciarse fondos. Ofrecer la capacidad y el humanismo de sus médicos es una forma, que no tiene ninguna pisca de deshonestidad. Por eso ellos también merecen nuestra solidaridad. Aceptar la ayuda que nos ofrecen es, también, una actitud antibloqueo.


Si en verdad vienen los profesionales cubanos a apoyarnos a enfrentar la epidemia: bienvenidos. Nuestro deber es agradecer a todo aquel que nos tienda la mano cuando estamos con el agua al cuello. Solo la solidaridad y el acompañamiento mutuo salvarán a la humanidad del egoísmo, la envidia y el mercantilismo.