Por: Víctor Manuel Ramos


Luís Almagro, el desafortunado traidor Secretario General de la OEA, organización conocida como el Ministerio de colonias de Los Estados Unidos de América, pero actualmente actuando como Oficina de coordinación para los golpes de Estado en América Latina, no pierde oportunidad para arremeter en contra de Cuba. La OEA ya no tiene arte ni parte con ese país porque, Cuba, valientemente y con el liderazgo de Fidel Castro, se retiró de esa Organización adscrita al Departamento de Intereses de los Estados Unidos.


Luis Almagro llega a la Secretaría General de la OEA impulsado por el Presidente de Uruguay, el destacado líder progresista José Mujica, con las reservas de algunos países que presentían que se trataba de un traidor. Una vez instalado en el puesto, Almagro se alinea con la política intervencionista de Los Estados Unidos y ejecuta muchos de los planes norteamericanos para acosar a los países que giran en otra órbita diferente a la diseñada por los yanquis, que recorren un camino hacia la independencia total y hacia la autodeterminación y el progreso de sus pueblos.

Es así como Los Estados Unidos, a través de su peón genuflexo, Luís Almagro, profundiza los actos de hostilidad yanqui en contra de Cuba, promueve el golpe en contra de Dilma Russef en Brasil, alienta la traición de Moreno en Ecuador en contra de la Revolución impulsada por el Presidente Corea, promueve el Grupo de Lima –llamado por el presidente de Perú, autocalificándose él mismo, club de perritos falderos de Trump; y coordina una campaña feroz en contra del gobierno de Venezuela con el fin de derrocar al presidente Maduro; últimamente su mano sucia se ve en el golpe de Estado criminal en Bolivia, en el intento de intervenir en las elecciones de Dominica, en el respaldo a la represión criminal de los gobiernos de Chile, Ecuador, Colombia, Brasil y Bolivia y en contra de los pueblos de esos países.


La última maniobra de Almagro, yo le llamo Almugre por sus cochinas actuaciones de traición a los pueblos que luchan por su desarrollo no tutelado, es la de arremeter en contra de la cooperación que Cuba brinda a miles de personas en el mundo entero, sobre todo en el mundo sometido a la miseria y la pobreza por las acciones imperialistas del gran capital, de la teoría neoliberal y de la intervención norteamericana.


En muchos países de América Latina, Cuba ha prestado una cooperación, en el campo de la atención médica, invaluable. Sobre todo en los países en donde el Estado se ha desatendido, por presiones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, de la obligación –constitucional en muchos Estados- de ofrecer atención en salud de forma gratuita y de calidad a sus habitantes.


Cuba ha estado presente en África, en América Latina, en Medio Oriente y ha brindado miles de miles de atenciones médicas con médico general y con especialistas, ha patrocinado la operación para operar gratuitamente a , igualmente, miles de personas que padecían de catarata ocular; miles de niños han nacido en el mundo con la intervención de médicos cubanos y también son millares los favorecidos con cirugías de todas las especialidades.

Las estadísticas dicen que cada 5 minutos 857 pacientes reciben atención de los voluntarios médicos cubanos, dos niños nacen guiados por las manos de médicos cubanos y se salvan ocho vidas valiosas. En áfrica, fue realmente heroica la intervención de Cuba para atajar el ébola, en Brasil atendieron a los habitantes de la Selva Amazónica, en Honduras han ido a los montañas y a los sitios más extraviados para brindar su apoyo científico a los enfermos del campo, huérfanos de una verdadera atención en la red sanitaria gubernamental. No se puede dejar de mencionar, también, los miles de médicos formados en Cuba para los países de América Latina y del mundo.


A Almagro no le gusta esta grandiosa actuación del gobernó cubano con los pueblos más necesitados del mundo. No le agrada porque así se lo dicta su amo Trump. Él pretende, mediante la desacreditación de la ayuda humanitaria cubana –porque no puede haber ayuda más humanitaria que la que brindan los médicos y demás personal sanitario cubano- impulsar y darle apariencia de legalidad a una intervención norteamericana en la Isla de Martí y de Fidel para borrar el régimen socialista e imponer de nuevo el régimen corrupto que quedó aniquilado con la huida de Batista, el más sanguinario y sometido lame botas de los yanquis que gobernó al heroico pueblo cubano.


Por suerte, en la Isla todo un pueblo está dispuesto a brindar su vida por la defensa del socialismo, y el personal sanitario al que el gobierno cubano le asigna una misión, sabe que su deber es cumplir, con todos los méritos posibles, con el mandato de brindar salud de calidad humana a los enfermos que en el mundo deambulan sin posibilidades de que sus Estados les den la mano, como deberían, de acuerdo con los mandatos constitucionales.


En todos los países en donde las Brigadas Médica Cubanas han tenido que partir dejan en sus pueblos una brecha enorme en la asistencia en la salud que cubrían, valientemente y con espíritu fraterno y solidario los cubanos inspirados en el pensamiento de Martí y con la guía eterna de Fidel.


Mal hace Almagro –mejor dicho Almugre- con su campaña sucia en contra de Cuba. Sólo muestra el cobre de la traición en que fue fundido. Su acción en contra de los pueblos no podrá redituarle ningún mérito sino el odio firme de quienes luchan por la independencia, el progreso y el intento de no ser más patio trasero de Los Estados Unidos.