Por: Andrea López

COVID-19, la enfermedad del año y posiblemente de todo el siglo, se cuentan más de un millón de personas contagiadas y miles de defunciones: las cifras aumentan día con día.

Mucho se ha hablado acerca de los impactos sociales que la pandemia ha generado: la mayoría de los países con casos de contagio han declarado cuarentena obligatoria, paro de clases, labores, producción maquilera, etc., en resumen: un paro económico que viene a repercutir en gran medida a las clases medias y bajas; la empresa privada a raíz de esto, suspendió contratos, dejando a miles de personas sin empleo y por ende sin dinero para poder mantenerse y mantener a su familia durante el confinamiento.

Sin embargo, muy poco se ha hablado sobre las mujeres, cómo enfrentan la pandemia, el confinamiento día a día y que repercusiones ha tenido.

La explotación no conoce de Cuarentena

Con o sin “vacaciones”, día “cívico”, día de semana o fin de semana, las mujeres trabajan: las labores del hogar nunca se suspenden, todos los días hay que barrer, trapear, sacudir, ordenar y cocinar: labores que se le han asignado a las mujeres únicamente, y que aun cuando todxs están en casa, nadie más colabora en la realización de estas tareas, un trabajo que a diario se realiza pero que nunca (o muy pocas veces) es reconocido, esto es, explotación en el hogar, pues créase o no, las labores domésticas cansan y desgastan, y aún más cuando se tiene una familia numerosa.

La explotación en el hogar no conoce de cuarentena, el “descanso” de algunxs es la explotación de otras, lxs niñxs juegan, el (los) hombre(s) (si hay) ven televisión y las mujeres, principalmente las madres son las que cargan con todo el peso, hacer tres tiempos de comida, limpiar toda la casa, lavar ropa y losa, cuidar de lxs niñxs y ancianxs (en caso que haya algunx), cuando menos acuerdan el día se ha ido y no tuvieron un momento de descanso.

El homeoffice y la escuela desde casa se suman a las tareas diarias que (principalmente) las madres realizan, particularmente, esta última se vuelve más engorrosa cuando se tienen hijxs entre los 6 a 12 años de edad, pues la supervisión en la realización de tareas debe der constante, y el acompañamiento en la realización de tareas que en “situaciones normales” le correspondería al docente ahora corresponde a la madre del niñx, esto refleja dos cosas, primero, que las madres ahora cargan un peso más y segundo, visibiliza la labor docente, que en muchos casos es minimizada. 

Invisibilizadas y sin trabajo

Las Trabajadoras Domésticas Remuneradas también se ven afectadas a causa del COVID19, el sistema Patriarcal - Capitalista las ha invisibilizado y minimizado su labor, misma que ayuda a muchas familias de clase media y clase alta y representa el 70% de la economía informal del país, sin embargo, son las menos reconocidas y las más explotadas, muchas sufren de violencia física, psicológica y sexual por parte de sus empleadores, no gozan de un sueldo digno, derechos laborales y seguro social. A causa del “estado de emergencia” y el aislamiento social han tenido que dejar de ejercer su labor, y por ende dejan de tener un ingreso económico, lo que las deja en una situación difícil.

Muchas de las empleadas domésticas son madres de familia, y con el escaso sueldo que reciben mantienen a sus hijxs y los envían a la escuela, enfrentar el confinamiento es difícil, y aún más cuando no se tiene empleo y/o una fuente de ingreso estable; el estado no ha generado políticas públicas que protejan a las trabajadoras domésticas ante situaciones como ésta (y en ninguna otra), están desamparadas.

A esto, hay que sumarle la explotación hogareña, pues tampoco debemos olvidar que son madres y algunas también esposas y “deben de cumplir con las labores de su hogar”, tema que se abordó en el apartado anterior.

Cuidar (nos), proteger (nos)

El cuidado, frase que escuchamos en reiteradas ocasiones, es otra de las aristas a plantear, pero aquí no hablaremos de cuidados sanitarios (que no dejan de ser importantísimos), sino que abordaremos el cuidado mental: pues aparte de estar encerradxs y sin poder salir, la histeria colectiva que se ha gestado a causa de esta pandemia nos afecta, quizás no contraigamos COVID-19, pero la preocupación, el miedo, la ansiedad y el estrés que a diario se vive, afecta nuestra salud mental y esto repercute en nuestra cuerpa. 

“El Gobierno de la República de Honduras a través del Sistema Nacional de Riesgos (SINAGER), informa a la población lo siguiente:…” al escuchar esta frase sabemos que anunciarán más contagios de COVID-19 y posiblemente unx que otrx difunto a causa de esta enfermedad, esto hace que nuestros miedos y preocupaciones regresen, y con ello el estrés y la ansiedad, por ello es necesario el acompañamiento entre nosotrxs en estos momentos, como se leía por Twitter, el distanciamiento es físico, pero no social-virtual y en estos momentos es aún más necesario el acompañamiento de nosotrxs hacia otrxs y viceversa.

Es momento de aprovechar toda la tecnología que tenemos a nuestra disposición, una llamada, el texteo son herramientas simples que reconfortan grandemente, pues a pesar de estar aisladxs físicamente, sentimentalmente nos sentimos acompañadxs, hablar con nuestrx compx, recordar momentos bellos, reírse y/o llorar juntxs, compartir nuestros sentimientos, hace el confinamiento más llevadero pues sabemos que tenemos a alguien que nos entiende y con el que podemos contar.

Está bien también distanciarse de la tecnología y redes sociales, pues éstas últimas nos sobreinforman y muchas veces son fake news que lo que hace es empeorar nuestra situación, por lo que está bueno hacer un “detox” cibernético, permitir a nuestra cuerpa descansar de tanta tecnología, y compartir tiempo de calidad con nosotras, algo de música, un té o una bebida fría, ropa cómoda y cero tecnología (más que la del celular o el aparato en el que se esté reproduciendo la música) puede hacernos entrar en un estado emocional satisfactorio y desintoxicar nuestra mente de tanta negatividad que nos rodea en estos momentos.

Nuestra cuerpa es sabia, y nos dice cuando no estamos bien, cuando necesitamos dejar de lado algo, estos momentos de confinamiento debemos de aprovecharlo para encontrarnos con nosotrxs, conocer más a nuestra cuerpa, reencontrémonos, conozcámonos, cuidémonos y amémonos.

 


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