Por: Juan López

Tenemos centrada la atención y apertura en el camino marcado por el riesgo, el mal, la enfermedad, el dolor, la angustia, el miedo y la desesperación. Se ha cruzado un nubarrón espeso ante nuestros ojos y no miramos muy lejos en este contexto de riesgo. En la época de la moral neoliberal es un desafío enorme pensar, luchar y amar la vida puesto que lo importante no es la vida, sino la utilidad, la acumulación lo que mueve el conjunto de relaciones sociales, empresariales, gubernamentales, nacionales e internacionales y ese fenómeno nos va acostumbrando, nos va moldeando y cuadrando hasta mirar la vida con superficialidad y hasta con desprecio.

¿Por qué hay en el mundo tanta injusticia, desigualdad social, violencia, enfermedad, dolor? La eterna pregunta de la filosofía. Podemos buscar y encontrar muchas explicaciones, los medios de comunicación, la ciencia, la religión nos dicen muchas cosas, pero el proceso debe llevar a encontrar la matriz esencial que la produce. Don Elder Cámara Obispo del Brasil dijo “cuando doy comida a un hambriento me llaman santo, pero cuando pregunto por qué tienen hambre me llaman comunista” la moral neoliberal nos invita a dar migajas al necesitado, pero no admite que nos preguntemos porque existen las cosas. Es que el plan asistencialista, paternalista, hace posible la permanencia neoliberal haciendo de la desigualdad, la enfermedad, el dolor, la violencia, la pobreza y la miseria, etc. correas de transmisión del mercado capitalista neoliberal.

¿A que venimos los humanos y demás especies a este mundo? La naturaleza es sabia y en ella actúa la única fuente de la vida, el amor que es Dios y el amor no predestinó a nadie para el sufrimiento, el dolor ni la miseria, sino para la felicidad, la alegría y la paz. Pero el sufrimiento en el mundo es muy grande y se manifiesta en hambre, guerras, violencia, explotación, enfermedades, se ha configurado un ambiente de dolor y muerte como único horizonte para la mayoría de la humanidad y de la creación. Esta realidad mata el amor y toca el corazón de Dios, quien se ha hecho hombre completamente humano, de carne y hueso, nervios y músculos como nosotros para cuestionar desde lo humano y manifestar su protesta ante un mundo que se destruye a sí mismo. El proceso del perdón y la reconciliación para reconfigurar la vida, pasa por la justicia incluso penal para la resolución del único conflicto mundial. La humanidad tenemos que cambiar el modo de producción capitalista.

Dios ha establecido el derecho común y el hombre esclavista, feudalista y capitalista estableció el derecho privado. Es privada la tierra, el agua, la ciencia y el conocimiento, la medicina, la comunicación, la fe, todo. El ser humano del siglo veintiuno estamos ante la disyuntiva; o cambiamos nuestra forma de vida personal, social e institucional o perdemos para siempre el gusto de amar la vida, los millones de estrellas que se organizan en sistemas que dan forma a millones de galaxias en el universo, y solo tenemos esta pelota que llamamos tierra para vivir. Y esta tierra con toda la belleza biológica que implica está en peligro de extinción y con ella, nosotros que somos parte de la gran cadena de la vida.

EL CORONAVIRUS NOS RECUERDA ALGO.

La comunidad humana, tentada y ¡cuántas veces arrastrada por la comodidad, lo fácil y la docilidad ciega ante el ambiente de criminalidad (pecaminosidad) en su dimensión social, económica, política, cultural, ambiental, moral, etc.! Estamos en cuarentena, en estado de cuidado intensivo, en revisión interna personal y comunitariamente. Estos días el ambiente se ha vuelto muy complejo con el surgimiento del CORONAVIRUS, una enfermedad que ha desnudado la compleja estructura de corrupción, impunidad, desconocimiento, indiferencia y oportunismo. La impotencia alcanza la cima y nos preguntamos ¿Qué pasara en los siguientes días, semanas, meses? probablemente la recesión económica no se hará esperar y el Estado será arrastrado por la elite capitalista agroindustrial, terrateniente, banquera, comercial, financiera, para resolver la cuestión de las pérdidas al pararse la producción y el mercado, y el Estado solo tiene una fuente de ingreso, los millones de empobrecidos.

Esta cuarentena no se sabe cuándo concluirá. Es una (cuaresma) permanente. Desde África, Asia, Europa, Oceanía y América el movimiento y avance del Virus sigue la ruta del movimiento humano. Es un periodo especial que se admite conscientemente, por la fuerza o por el miedo. En Honduras esta cuarentena ha llegado a profundizar la vieja cuarentena en que vivimos porque el 70% de la población vivimos en la pobreza, el 46% vivimos en la miseria, tenemos un índice de homicidios de cuarenta y cinco personas por cada cien mil habitantes, se estima que el 15% son feminicidios o sea asesinato de mujeres. Se estima que el 35% del presupuesto nacional se pierde por la corrupción y la secretaria de salud pierde el 49% de su presupuesto anual por corrupción según una denuncia la presidencia del Colegio Médico de Honduras. El pecado tiene rostro, datos, información técnica que lo sustenta.

En el último mes el Congreso Nacional saltándose los procedimientos parlamentarios, ha aprobado a favor del ejecutivo Once mil doscientos ochenta y seis (11, 286, 000,000.00) millones de lempiras para atender la emergencia provocada por el CORONAVIRUS. Sin embargo, la mayoría de los hospitales no cuentan con los equipos básicos para la atención específica requerida. ¡Quién sabe cuándo llegara el gel, las mascarillas y un plan ordenado para el cuidado al mismo personal empleado en salud!. Por otro lado, los centros hospitalarios tienen mucho personal sin conocimiento, contratado para prolongar el paternalismo del PN que además de exponerlos al riesgo, le restan importancia a la responsabilidad Estatal en la atención a los pacientes. Pero además, la Dra. Elsa Palou ha dicho que “no se llega a cien respiradores entre públicos y privados en el país” y que “si llegaran doscientos treinta casos al mismo tiempo, ciento treinta se mueren, no hay como atenderlos” y si sobre eso, la burocracia se economizara presupuesto comprando equipos incorrectos, entonces estamos al borde de una catástrofe.

La infraestructura y la cobertura sanitaria del país no dan para mucho como lo exige esta pandemia. En realidad, somos un país con profundas calamidades, el modelo económico impuesto tiene implicaciones en todo el entramado institucional del Estado y el régimen gubernamental tiene abiertas enormes y profundas grietas en la sociedad. Las medidas de prevención y de contención adoptadas por el Sistema Nacional de Riesgos (SINAGER) y las últimas medidas adoptadas por el Consejo de Ministros van desde las más simples a las más complejas, incluso violentando garantías constitucionales, lo ha denunciado el Comité de Familiares y Desaparecidos en Honduras (COFADEH) y se ha pronunciado en la misma dirección a nivel internacional la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Nuestro nivel educativo no está a la altura para entender lo complejo de la situación de riesgo. Ante un fenómeno con mucha agresividad como el COVID-19 las medidas deben ser fuertes pero no excesivas y mucho menos, abusivas. Las medidas deben tomar en cuenta la situación socioeconómica y fisiológica de la sociedad. La pobreza y la miseria tiene como resultado en alto nivel de desnutrición, tiene que ver con el régimen alimentario, nuestros cuerpos no cuentan con la cantidad de energía calorífica necesaria para resistir, la estructura plaquetaria y nuestro sistema inmunológico son débiles, somos un pueblo altamente vulnerable a cualquier virus.

El alimento, el techo y el trabajo digno son derechos inviolables y el Estado los está violando en la emergencia. El conjunto de medidas de prevención, contención y control del CORONAVIRUS debe implicar la atención alimentaria, el techo y una bonificación económica para los sectores desprotegidos mientras dure la emergencia. Al desconocer tales condiciones, además del riesgo por la enfermedad, el gobierno se convierte en un riesgo mayor violando libertades y derechos fundamentales a la sociedad. En general, el porcentaje de población que vive en la miseria y la pobreza mayor, no puede sobrevivir parada mucho tiempo, algunos ni siquiera 48 horas sin que se encuentre con el fenómeno del hambre en potencia y eso, puede desembocar en otra calamidad social.

Esta crisis no es el fin de la vida, vamos a sobrevivir y nos vamos a educar para vivir mejor, para ser mejores personas y convivir solidariamente, en espíritu, en verdad y en justicia. Pero debemos preguntar y debemos saber ¿Dónde está el origen del COVID-19? ¿Es producto de la misma evolución y autorregulación natural como lo establece Darwin o es una arma biológica de alguna potencia para dominar al mundo? Hay profetas del orden económico, militar, político y cultural mundial que plantean la reducción de la humanidad, el capitalismo mundial se propone reducir la población para mejor controlar los territorios, las finanzas, la ciencia, la bioquímica, la biotecnología y la vida en general, en esa línea pueden ubicar la investigación y el manejo del genoma humano. 


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