Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).- A las cinco de la tarde, tras permanecer cerca de 10 horas en las instalaciones de Medicina Forense, el cuerpo del periodista Luis Almendares fue entregado a sus familiares y, en ese momento, inició un recorrido hacia la dignidad.

La última cobertura informativa de Almendares, fue el propio atentado contra su vida, en horas de la noche del domingo 27 de septiembre, cuando desconocidos le dispararon mientras hacía una compra en la aldea “Mata de Caña” –donde vivía- hecho registró en su cuenta personal de Facebook, la que se convirtió en su canal para ejercer el periodismo.

Con tres disparos, que afectaron órganos vitales, “Luisito” fue trasladado al Hospital Santa Teresa de la localidad. Pasó la noche hasta que, en la madrugada del lunes 28 de septiembre, fue trasladado al Hospital Escuela Universitario (HEU), donde falleció a las cinco de la mañana.

En la frialdad, más allá del clima de la capital hondureña, pasaba las horas de un periodista, cuya voz fue callada por las armas, un escenario que se repite por segunda ocasión en 2020, ya que el pasado 01 de julio, en La Ceiba, departamento de Atlántida, asesinaron al periodista Germán Vallecillo (hijo) y el camarógrafo Jorge Posas.

Cerca del mediodía, la portavoz de Medicina Forense, Isa Alvarado, ofrecía detalles sobre la autopsia y posterior entrega del cuerpo del comunicador. Sería a la cinco de la tarde.

Frente a la entrada del edificio forense, familiares esperaban, dialogaron con defensores y defensoras de derechos humanos que llegaron a la zona. En otro sector, Camarógrafos y Fotógrafos, aguardaban el momento de captar la imagen de un colega que quizás conocieron hasta el día que le dispararon y posteriormente falleció.

Anuncios, solidaridad y una Policía que no funciona

Entre la mañana y la tarde del lunes, muchas voces hablaban del crimen contra el periodista Luis Almendares, desde el titular del Colegio de Periodistas de Honduras (CPH), Dagoberto Rodríguez, Carlos Ortiz presidente de la Asociación de Prensa Hondureña (APH), así como colegas y amigos en Comayagua.

Mientras que, en los edificios de instituciones policiales y del régimen que dirige Juan Orlando Hernández, salían al paso con expresiones de solidaridad y condena; una paradoja cuando en Honduras, existe más del 90 por ciento de impunidad en crímenes contra periodistas, desde el año 2001, según cifras del Comité por la Libre Expresión (C-Libre) y el estatal Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH).

Las promesas de investigación, iniciaron con un corto comunicado de la secretaría de Seguridad, quien anunciaba acciones junto a entes de investigación en la ciudad de Comayagua.

En la capital hondureña, el titular de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), Ronmel Martinez y el Portavoz de la Secretaría de Seguridad, Jair Meza, decían a periodistas que ya tenía pistas y líneas de investigación en torno al crimen contra el periodista Almendares.

Pero afuera de los recintos policiales y en otro punto de Tegucigalpa, comenzaba a caer la tarde y la familia esperaba junto a un automóvil color blanco sencillo, como era “Luisito” para que entregaran su cuerpo.

“Una estrella en el cielo”

“Tenemos miedo, ellos ya saben dónde vivimos y como familia de papi –Así le llamaba a Luis- sabemos que puede pasarnos algo”, comentó un familiar a Conexihon. Pudo narrar más, pero el dolor e impotencia se apoderaba de sus ojos y su sentir.

Llegó la hora de ubicar el vehículo en la cortina de hierro de la Morgue capitalina. Ingresaron el ataúd y en cinco minutos fue colocado nuevamente en la parte trasera del auto.

Lentamente hizo el recorrido hacia la ciudad donde vivió y ejerció su labor sin censura, en la mayoría de ocasiones sin dinero, pero con la convicción de informar.

Cerca de las 10 de la noche, llegaba a un salón del Barrio Independencia, su colega Lenin Acosta narraba el momento y las cámaras eran testigos de los aplausos que recibía Luisito.

Al día siguiente, el recorrido hacia una misa en su honor y su posterior sepelio, estuvo acompñado por una gran caravana humana. Autos con equipos de sonidos, tenían canciones para recordarlo. “Luis, periodista del pueblo” era la pancarta que una señora portaba. El toque de queda absoluto, decretado desde marzo a nivel nacional, fue rebasado por el dolor, el llanto y el grito de justicia.

“Ahora eres una estrella que brilla en el cielo”, un fragmento de una canción que sonaba durante las honras fúnebres.

Tres balas atravesaron su cuerpo, pero no podrán callar su trabajo, su entrega hacia el periodismo, su futura graduación como profesional del derecho. Mataron el cuerpo, su celular ya no sonará para tomar videos o denunciar agresiones en su contra.

Sin embargo, Luis no le dio cabida al silencio y no lo hará mientras exista un pueblo que lo llore y lo recuerde. Esa será su medio de comunicación, de aquí hasta siempre.


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