Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).– Hace unos años, la familia Rodríguez-Gonzales, inició el proyecto de la agroecología como un nuevo estilo de vida encaminado a cuidar la naturaleza y garantizar la seguridad alimentaria de su hogar.

“Desde hace dos años estamos trabajando en la agroecología y los resultados se están dando, en el momento más oportuno, justo cuando una epidemia mundial por COVID-19, nos demuestra que somos dependientes de la tierra”, dijo a Conexihon.hn, Yamileth Gonzales.

Yamileth es la orgullosa madre de; María José (ocho años), María Fernanda (Cinco años) y María Isabel de (Tres años) y caminando entre sus cultivos en compañía de sus hijas y su esposo José Ramón, recordó su infancia y detalló como su padre, con solo mirar la luna, sabía que el tiempo de la siembra había iniciado.

“Ahora todo eso se ha perdido, debemos recuperar esas sabias costumbres ancestrales y dejar un poco la tecnología, porque nos tiene atrapados, aunque ahora mismo también es clave para avanzar en algunos procesos, pero la nobleza de la madre tierra nunca nos dejara de sorprendernos”, aseguró Yamileth.

La familia Rodríguez-Gonzales, aseguro que la agroecología es una gran alternativa para la madre tierra, hacer huertos familiares y comunitarios, permite dar alimentos a quienes participan en las siembras e incluso para todos los que viven en el lugar, de ahí la importancia de enseñarles a los niños a cuidar la naturaleza y garantizar con ello la seguridad alimentaria.

“Los niños están atrapados por la tecnología y eso no es conveniente, hay que inculcarle también el amor a la tierra…los huertos familiares no son una moda, son una necesidad, nosotros así lo miramos y por ello nuestras hijas están igual o más involucradas en nuestro huerto que sus propios padres”, indico Yamileth.

De acuerdo a la orgullosa madre, el contexto actual del COVID-19 es un llamado de atención que la tierra nos realiza para cuidarla y cambiar la forma de cultivo.

Los pueblos que quieren ser soberanos deben invertir en la agroecología

Yamileth Gonzales, cuenta con una vasta experiencia en proyectos para mujeres campesinas, por muchos años se desempeñó como gestora de créditos para ese sector desde la organización “La Vía Campesina-Honduras”, un movimiento internacional que lucha por la soberanía alimentaria.

Desde La Vía Campesina, plantea a la agroecología como un modo de vida, lucha y resistir al capitalismo, como base de la agricultura campesina y la soberanía alimentaria, bajo el cuidado y protección de la Madre Tierra.

La Vía Campesina, manifiesta que la cosmovisión y la epistemología de nuestros pueblos precisa de prácticas agroecológicas como centro de la producción ancestral integral con los seres vivos.

Bajo este contexto, Yamileth aseveró que la pandemia del coronavirus vino a desenmascarar el sistema capitalista, a destapar una serie de necesidades, “nos está dando la posibilidad de estudiar, de organización, de abonos orgánicos que son importantes para vencer las plagas, yo les estoy dando asesoramiento a otras familias, así podemos hacer crecer la cadena”.

En ese sentido, Yamileth denunció que los fondos del Estado históricamente están destinados a la gente que tienen grandes proporciones de tierra y que producen para exportar, pero no garantizan la soberanía alimentaria del país, “piden montón de requisitos para poder acceder a un crédito, piden garantías y las personas no tienen tierras”, pormenorizó Yamileth, quien también es una referente del movimiento social hondureño.

Créditos estatales para los pequeños productores

Para Yamileth Gonzales, la agroecología busca alcanzar la productividad de los cultivos y la conservación de los recursos naturales, puesto que han evolucionado los tiempos en donde la agricultura era solo cosechar sin tomar en cuenta los efectos secundarios y el daño que se le podía hacer al ambiente.

Según datos de la organización internación “La Vía Campesina”, los agroecosistemas de las familias campesinas de la región presentan dos características notables: primero, la escasez de tierras disponibles debido a siglos de concentración de la propiedad de las tierras, producto de la casi siempre expropiación violenta; segundo, la poca capacidad de inversión debido a la pobreza de estas familias y a la carencia de infraestructura productiva, de agua, semillas y forraje.

En ese sentido, dichos factores, en forma asociada, exacerban aún más las dificultades de la producción agrícola y ganadera, debilitando a los agroecosistemas y a las familias de agricultores, sumado a ello la falta de acceso a programas de créditos.

En relación los créditos que el Estado otorga para la agricultura, Yamileth enfatizó que históricamente estos han sido destinados para las industrias y monocultivo, muy poco para los pequeños agricultores que son los que llegan a los mercados, pero que lamentablemente todo el esfuerzo de los campesinos que trabajan en tierras en su gran mayoría rentadas, no cuenta al momento de acceder a prestamos para mejorar su producción.

Los conocimientos de Yamileth conllevan a aseverar que mientras dure la pandemia se debe asegurar la alimentación “vivimos en un sistema neoliberal y estamos retrocediendo, los decretos que se emiten son para ayudar a la industria, el gran problema sigue siendo la tenencia de tierras”.

Mostrando con orgullo sus siembras, Yamileth enfatizó que el futuro es la agroecología ya que el cambio climático es muy complicado. “O llueve mucho o no llueve, con esto cuidaremos más la tierra, pero para cambiar esto hay que empezar por los niños, que no crean los niños que solo es de ir al mercado a comprar”.

 


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